Alejandra e Ignacio, de unos 10 y 12 años conversaban en su habitación.
- Dicen que los hijos de padres separados son más consentidos.
- Puede ser, respondió Alejandra con cierto tono incrédulo.
No era la primera pelea de sus padres de la que huían, tratando de llevarse lejos a Magdalena, de unos 2 años, que escuchaba la charla pero no la entendía.
Los chicos le inventaban juegos, para tratar de tapar el ruido que provenía del piso inferior de la casa, pero Maggie igual oía, aunque sin comprender demasiado la situación.
Al fin de unas horas lograban dormirse los tres, ya sin el temor de ser la presa de la discusión.
Un día Adriana, la madre, se fue de compras y nunca más volvió. Horacio no cesaba los interrogatorios, hasta violentos con Alejandra por saber a donde podría estar Adriana, Ignacio, se llevaba a Magdalena para protegerla, ya tenían un sistema, ella era la mas pequeña y debían cuidarla. Aunque a veces el hastío de un joven de 16 años, lo hacia salir de escena, y Maggie presenciaba los eternos cuestionarios, mitad golpes, mitad palabras.
Alejandra siempre supo donde estaba Adriana, jamás la delato, y jamás dejo de cuidar a Magdalena. Ignacio a su manera cuido de ambas.
La historia tiene tantos ribetes que no vienen hoy al caso, pero Magdalena, grande ya entendió aquella primera charla: los hijos de padres separados tienen un amor mas allá: el de sus padres, y el de esos hermanos que la cuidan toda la vida y es inconmensurable.
SER YO
Hace 4 semanas