lunes, 18 de julio de 2011

Lo que mata es no sentir.

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"Sólo porque alguien no te ame como tú quieres, no significa que no te ame con todo su ser."

Gabriel García Marquez.








Un día te das cuenta, que aunque te negaste siempre a darte más allá del cuerpo, los sentimientos te sorprenden y te invaden casi como una violación.

Y como es típico, cuando tu vida gira en torno al fracaso pero siempre dentro de un marco de coherencia, una vez que estás listo para dar ese paso a empezar a vivir y sólo porque al fín encontraste en quien depositar esa confianza que creías no tener en nada, nadie ni en vos misma, es un imposible.
Como decía Churchill: "El éxito consiste en ir de fracaso en fracaso, sin perder el entusiasmo". Hasta la primer parte, fui toda la vida una exitosa. No debería sorprenderme que las cosas siguieran por su curso natural.
Pero no, esta vez no me quiero resignar, y saben qué? Una vez más, lo que yo quiera es lo de menos, y es justamente lo que no va a pasar.
Puedo jactarme de no haber recibido nunca el corazón en partes, y la causa principal de esto es no haberlo entregado por completo. Nunca me pasó de mirar a alguien a los ojos, y saber que todo iba a estar bien de una u otra manera, hasta que lo miré a él.
Siempre me rodeé de amoríos furtivos, o romances intensos, que no podían pasar de romance. De ésos en los que yo fui siempre el hombre de la situación... Y ahora, encontré un hombre que es mucho más hombre que cualquiera, y hasta que yo misma.
Me toca no dar el corazón y tenerlo roto de antemano. Esta vez, no me lo quieren aceptar ni en calidad de préstamo. Y es mi culpa.
Negarse a sentir, es negarse a ver cuando se te presenta esa persona que es mercedora de todas tus ilusiones, porque lejos de romperlas, tiene el don de hacerlas realidad. 
Pero... cuando uno se venda los ojos a propósito a menos que uno mismo se saque la venda, o como me pasó a mí, que me la sacó un viento... no se entera de nada.
Caminar con los ojos vendados, lo único que trae por consiguiente es tropezarse, caerse, y a veces, uno ya no puede levantarse.
Él me tiende la mano mientras estoy en el piso, pero no me tiende ni sus brazos, ni su boca. Y yo siento que entonces, prefiero seguir ahí tirada.
Algunos sabores, es preferible no conocerlos. Porque una vez que los probaste, no poder repetir la cata, duele hasta en la piel. Ese sabor, tienen sus besos.
Cómo puedo pedirle que tire abajo sus juicios, si yo no tengo como derribar mi pasado?
Todos podemos equivocarnos, así como tenemos que aceptar que no es excusa válida para que el resto del mundo nos acepte errados.
Y aunque yo quiera contarle todo lo que podríamos ser juntos, él no es que no quiera escucharme, es que no quiere ser conmigo.
Y termino entendiendo canciones de desamor, las de amor no las voy a poder entender nunca.
Me miro entendiendo que no tengo nada que ofrecerle. 
El tan especial y yo tan común y ordinaria. Yo buscando su destino, y el huyendo del mío a toda marcha.
Hay momentos que son únicos, y rememorables. Hay que encontrar la manera de hacerlos repetibles.
Aún resignada a no despertarme nunca en su abrazo, no dejo de buscar la manera de que él pueda tener también esas ganas.
Porque aprendí que lo que mata es no sentir, cuando sentir por él me devolvió a la vida.

No son los besos lo que generan adicción... son sus ojos.

domingo, 3 de julio de 2011

De teorías erradas


                                                                                                                                "No te quedes inmóvil 
                                                                                                                                  al borde del camino
                                                                                                                                  no congeles el júbilo
                                                                                                                                  no quieras con desgana
                                                                                                                                  no te salves ahora
                                                                                                                                  ni nunca
                                                                                                                                          no te salves"

Mario Benedetti



No creo en el amor o más bien, no quiero creer. Hace rato le perdí la fé y las ganas a eso de brindarse entero y que te retribuyan con rasguños, de esos que calan hondo el alma, que la dejan irreparable. O tal vez no crea en que existe alguien capaz de pagarme de otra manera.
No creo en que dos personas puedan planificarse juntas, complementarse.
Me niego a someterme a reuniones familiares, a compromisos sociales, a exponerme a ir entregando partes de mi corazón como un todo, que me será devuelto en partes.
No quiero ser hipócrita, debo confesar que alguna vez amé, y me amaron. Pero la vida hizo que, pese a todo ese amor, no podamos juntar su camino con el mío y hacer de los dos uno por el cual transitar de a dos. 
Creo que el amor no muere nunca, cuando es verdadero, sino que muta. Este mutó en una amistad particular y cómplice, con diálogos de felicitaciones, de consuelo, de llanto sobre cualquier cosa que no implique a otros amantes. Aunque en silencio ambos sabemos que cada uno ha continuado con su vida, y es bueno. Eso de contar con alguien que te conoce en profundidad, que te vio vestida como una reina, como un ciruja y hasta desnuda; que conoce tus estados sin mediar palabra. A quien le cediste alguna vez unir los dos cuerpos en uno, entrar en tu anatomía. Y todo confluído en esa rara transmutación de sentir lazos de sangre, de esos que te llenan el alma y que son libres de sexo.
Así me dediqué a vivir desde el día en que recuperé mi soltería y la posesión de todos mis sentimientos.
Busqué relaciones intensas, pero con hombres que no quisieran compromisos. Quizás porque ya los tuvieran o porque su corazón estaba tan atrincherado como el mío. Constaté siempre que alguna de estas condiciones se cumpliera, traté de evitar a toda costa lo inevitable. Las ideas claras confunden, y pese a que lo que pude cosechar fue en su mayoría buenos amigos o conocidos, me quedó algún enamorado que no entendió bien la consigna, y al que no me dejó otra más opción que pagarle con momentos valuados en pocos centavos, por las suntuosas eternidades que me ofrecía.
Y así llegué a los 30: totalmente convencida de que "Susanita" era un personaje digno de todo tipo de burlas. Pensando seriamente en entrar a un quirófano a hacerme una lipoescultura, de esas que se mantienen con los años, los años vacíos de embarazos, hijos o noviazgos/maridos problemáticos.
En casa dicen que soy un varoncito con tetas (porque tetas tengo, ¿O cómo creen que me conseguí los enamorados?), siempre haciendo el juego de seducción acorde a la presa en la mira de ese momento, dejando sonar eternamente el teléfono después de haber conseguido el objetivo. Porque los juguetes nuevos, después de un corto tiempo de uso, pierden la gracia.
Quizás atendí algún llamado desde un sillón cómodo, y rápidamente corté con la excusa de estar manejando en medio de un terrible embotellamiento. Sin explicar, claro, que lo único embotellado eran mis sentimientos en algún envase inviolable del que no los pensaba sacar para entregárselos a nadie.
Todo marchaba sobre ruedas. Mi corazón aunque impenetrable, seguía intacto. Mi cuerpo no tenía dueños, pero lo prestaba de a ratos. La música no me recordaba la sonrisa de nadie, menos su olor, ni besos. La música era simplemente eso, música.
Recomendé este estilo de vida a cuánta mujer, hombre o el sexo que fuera, que acudió a mí llorando por su enésimo fracaso. Basada en una teoría (mala por cierto) de que la manera de vivir en paz, con uno y con el resto, era justamente esa: mantener separados a "uno" y a cualquiera que puediera ser "resto".
No era feliz, pero tampoco lloraba por nada.

Y entonces... en ese jardín prolijo que era mi vida, con el pastito cortado al ras y los arbolitos bien podados según un diseño exclusivo y preciso... en el medio me creció un Hombre.
Mierda!
¿Tenía que pasar ahora?
Lo ignoré, después disimulé y me hice la boluda. No sirvió nada.
Ojo eh! no estoy hablando de amor, no soy tan tarada ni contradictoria. 
El amor no pasa de un día para el otro, es cosa de valientes y yo le vengo huyendo de pura cobarde.
Y acá lo grave del asunto: él me llenó de coraje. 
Pero si algo tiene un Hombre, es que te conquista aún sin proponérselo. Y un "varoncito con tetas" como la que suscribe, no tiene los dotes como para devolverle el favor.
Entonces delibero conmigo misma sobre la conveniencia de intentar ser una dama que le arranque unas ganas irrefrenables de conquistarme, y fracasar en el intento. O bien seguir siendo esto que soy, intentar seducirlo... y fracasar en el intento.
Acá es cuando tomo conciencia de que se me cayó el reino. 

Lo miro decidida a contarle todo, a decirle que lo quiero cuidar, que quiero compartirme con él y que él se comparta conmigo. Pero carezco de poder de persuacion, entonces con el poco valor que me caracteriza, desisto.
Todo el personaje que construí con tantas de mis lágrimas, se me viene a desmoronar con un par de sus sonrisas.
De repente quiero volver a creer, y no sé si él es quien finalmente voy a llevar a algún cumpleaños, o va a presenciar las actitudes insanas de mi madre en algún evento navideño... o si simplemente es un puente a conocer al desafortunado predestinado a un futuro, corto o largo, al lado mío.
Lo que puedo asegurar es que probar y ver qué pasa es una opción que no me disgusta. 
Destapar la botella y darle libertad a mis sentimientos.
Salir al mundo con el corazón en la mano a riesgo de que resulte aniquilado no me asusta. 
Será que confío en que cuando todo es tan natural surge una historia amor, o una gran amistad. 
Quizás sea mi fé en la capacidad de reparanos el uno al otro, para al menos, y si no somos nuestro destino, podamos abrirnos a la chance de salir a buscarlo. 

Y si hay una prueba de que mi teoría era fallida, es esto de que la música vuelva a tener un rostro que la saca de ser simplemente música, para ser rock.


Ajam...

No esperes irte de acá con una sonrisa o con nuevos conocimientos. Esto es catarsis, es indirectas, es directas y es yo.




Gracias MX por ayudarme a expresar mejor la idea...