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"Sólo porque alguien no te ame como tú quieres, no significa que no te ame con todo su ser."
Gabriel García Marquez.
Un día te das cuenta, que aunque te negaste siempre a darte más allá del cuerpo, los sentimientos te sorprenden y te invaden casi como una violación.
Y como es típico, cuando tu vida gira en torno al fracaso pero siempre dentro de un marco de coherencia, una vez que estás listo para dar ese paso a empezar a vivir y sólo porque al fín encontraste en quien depositar esa confianza que creías no tener en nada, nadie ni en vos misma, es un imposible.
Como decía Churchill: "El éxito consiste en ir de fracaso en fracaso, sin perder el entusiasmo". Hasta la primer parte, fui toda la vida una exitosa. No debería sorprenderme que las cosas siguieran por su curso natural.
Pero no, esta vez no me quiero resignar, y saben qué? Una vez más, lo que yo quiera es lo de menos, y es justamente lo que no va a pasar.
Puedo jactarme de no haber recibido nunca el corazón en partes, y la causa principal de esto es no haberlo entregado por completo. Nunca me pasó de mirar a alguien a los ojos, y saber que todo iba a estar bien de una u otra manera, hasta que lo miré a él.
Siempre me rodeé de amoríos furtivos, o romances intensos, que no podían pasar de romance. De ésos en los que yo fui siempre el hombre de la situación... Y ahora, encontré un hombre que es mucho más hombre que cualquiera, y hasta que yo misma.
Me toca no dar el corazón y tenerlo roto de antemano. Esta vez, no me lo quieren aceptar ni en calidad de préstamo. Y es mi culpa.
Negarse a sentir, es negarse a ver cuando se te presenta esa persona que es mercedora de todas tus ilusiones, porque lejos de romperlas, tiene el don de hacerlas realidad.
Pero... cuando uno se venda los ojos a propósito a menos que uno mismo se saque la venda, o como me pasó a mí, que me la sacó un viento... no se entera de nada.
Caminar con los ojos vendados, lo único que trae por consiguiente es tropezarse, caerse, y a veces, uno ya no puede levantarse.
Él me tiende la mano mientras estoy en el piso, pero no me tiende ni sus brazos, ni su boca. Y yo siento que entonces, prefiero seguir ahí tirada.
Algunos sabores, es preferible no conocerlos. Porque una vez que los probaste, no poder repetir la cata, duele hasta en la piel. Ese sabor, tienen sus besos.
Cómo puedo pedirle que tire abajo sus juicios, si yo no tengo como derribar mi pasado?
Todos podemos equivocarnos, así como tenemos que aceptar que no es excusa válida para que el resto del mundo nos acepte errados.
Y aunque yo quiera contarle todo lo que podríamos ser juntos, él no es que no quiera escucharme, es que no quiere ser conmigo.
Y termino entendiendo canciones de desamor, las de amor no las voy a poder entender nunca.
Me miro entendiendo que no tengo nada que ofrecerle.
El tan especial y yo tan común y ordinaria. Yo buscando su destino, y el huyendo del mío a toda marcha.
Hay momentos que son únicos, y rememorables. Hay que encontrar la manera de hacerlos repetibles.
Aún resignada a no despertarme nunca en su abrazo, no dejo de buscar la manera de que él pueda tener también esas ganas.
Porque aprendí que lo que mata es no sentir, cuando sentir por él me devolvió a la vida.
No son los besos lo que generan adicción... son sus ojos.